En el día de hoy, hemos conocido la noticia de que el centro de investigación belga Imec, ha
anunciado la creación del primer procesador de plástico. Uno de los jefes científicos del centro, Jan Genoe, advierte por el uso masivo del grafeno, el siliceno (un derivado del grafito y del silicio), así como de polímeros conductores (plásticos), en futuras aplicaciones electrónicas y de consumo.
Esta apuesta, que comparten todos los centros de investigación y marcas mundiales del sector de la electrónica, con IBM, Samsung o Toshiba al frente; advierten de la posibilidad real de que estas tecnologías estén disponibles en un plazo no superior a 5 años.
En la universidad de Aalto (Finlandia) y Nagoya (Japón), ya se han construido procesadores de plástico de bajo coste. El problema es la velocidad, muy por debajo del chip de silicio (unas 1.000 veces menos), por lo que procesadores de plástico, deberían convivir en conjunto con los de silicio, algo que los investigadores ven totalmente normal.
Otra cosa, es el grafeno. Material que se puede diseñar con un átomo de espesor real y que ofrece velocidades más rápidas que el silicio, por no hablar de su maleabilidad y dureza (su base es el carbono, el material del que está hecho el diamante).
Por lo tanto, estamos en la antesala de otra revolución de los materiales, que introducirá otra revolución en el mercado tecnológico, y en especial en nuevas políticas de I+D+i, por no hablar de la revolución de nuevos usos, que estas tecnologías nos depararán.
Algo, que entrevemos, como un solapamiento de los nuevos usos que las actuales tecnologías están deparando, y que no serán totalmente desplegadas, debido a la irrupción de estos nuevos materiales, que a su vez permitirán desarrollar con mayor rapidez la tecnología que lo cambiará todo: la computación cuántica.
La Geopolítica del consumo masivo de los gadgets electrónicos:
Por otro lado, estos nuevos materiales, ayudarán a reconfigurar el mapa político africano, dado que en la actualidad, los PCs, smartphones y demás “gadgets” tecnológicos, dependen de los minerales de sangre: coltán, oro, tungsteno o tantalio. Minerales que se extraen en países africanos (principalmente), donde la ausencia del respeto más elemental por los derechos humanos es más que evidente, y en donde los gobiernos dependen del poder de las armas de sus milicias, para evitar golpes de estado y todo bajo una disciplina del terror hacia la población.
Durante años, las ONGs, organizaciones como HRW o la propia ONU, han venido advirtiendo sobre estas cuestiones. Estos nuevos materiales son una oportunidad para cambiar el mapa del terror en África, para darles una oportunidad a sus territorios y a sus gentes. Otra cosa son los intereses sempiternos de la industria militar, por estos materiales; pero por lo menos la presión comercial disminuirá y habrá motivos para el optimismo.
En OpinioLAB nos gusta hablar de redes sociales, y de una sociedad hiperconectada, pero el coste que a veces asumimos, no es considerado por el conjunto de los consumidores (prosumidores de la red). La nueva revolución tecnológica nos debe hacer comprender que actuar en una sociedad en red, nos debe hacer estar más comprometidos con nuestros entornos (especialmente los más alejados territorialmente), en los que nuestras acciones y opciones de consumo pueden afectar a grandes ecosistemas sociales y naturales.
Proponemos que trabajemos en una gobernanza ciudadana mundial, paralela a la gobernanza corporativa existente, y a la más que necesaria gobernanza institucional mundial.